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La RAE define imbécil como “tonto o falto de inteligencia” yo querría ser más específico, si acaso se puede, y poner el ejemplo claro del viajante imbécil.

Muchas son las personas que encuentras en el camino que no te caen demasiado bien, ya sea porque usan calcetines blancos con chanclas, escupan mientras hablan o que su aliento sea mejor defoliante que el agente naranja, pero por lo general, no llegan a ser demasiado molestos. Lo difícil, es encontrarse una pareja que reuniera tanta idiotez en tan poca masa cerebral.
Su llegada, cargada de gritos en francés, quejándose de lo mal que los habían tratado en el autobús, no deparaba un futuro de tranquilidad.

Tras una huida de algunos huéspedes, se acercaron con su comida dispuestos a preparar su almuerzo. Un pequeño caos de aceite, cebolla y salsa quedó en el suelo mientras usaban sin ningún tipo de vergüenza la comida de otras personas. Menos mal que mi gordura mañanera había terminado con todas mis reservas antes de la llegada de estos gorrones.
Huí por miedo a que se comieran mi brazo, pero al volver unas horas más tarde, el panorama era como visitar Belchite. Estaban hasta los platos sucios en la mesa. La educación francesa parecía que no iba a ser lo que sobresaliese de estos sujetos.

En un momento de despiste, el chico me abordó. Pelo largo y rizado, cara aguileña, crucifijo al cuello y vestido con una musculosa, calcetines blancos y chanclas. Empezamos a hablar sobre su viaje.

Comenzó dejando ver lo mucho que sabía sobre Colombia ya que después de tres semanas en el país, ¡imagínate las cosas que he visto! Todo era una gran mierda, el país más desorganizado que había visto jamás, maleducados ¡no puede ser! ¡esto en Francia no pasa! En ese momento se unió su pareja, morena, cara lampiña, ojeras de oso panda y una berruga en la frente de la que podía deducirse el estado de frustración en el que vivía.

El espectáculo solo acababa de comenzar, la chica, que no hablaba absolutamente nada de español, se dirigía al chico en francés, el mirándome, y casi sin hacerle caso, me traducía lo que quería. Y la verdad que mejor, todo era un insulto hacia los colombianos.

Al saber que querían salir a Ecuador por la frontera de Ipiales para poder ver el Santuario de las Lajas comenzó el zenit de la conversación.

¡Maldita la hora que salió el tema! Una hora y media de monólogo sobre lo fantástico que es Dios y todos los santos, no había escapatoria. Besándose el cristo del cuello conseguí terminar la conversación excusándome en la necesidad imperiosa de comprar una botella de alcohol malo para poder olvidar el día de mierda.

A la vuelta, un griterío en la sala común despertó todos mis malos presentimientos. Un voluntario del hostel, que a cambio de ayudar unas horas allí podía dormir sin pagar, estaba disfrutando de su tiempo libre viendo una película. El francés, pensando que era Napoleón, quería cambiar el canal. Negándose el voluntario, ya que además de que estaba él primero, iba por la mitad de la película.

Enfurecido fue al dueño del hostel quejándose de la falta de profesionalidad de las trabajadores, ¡es inaceptable que un huésped no pueda poner lo que quiera porque haya un trabajador viendo la tele!

Por hoy es suficiente, de dos tragos me bebí la botella de aguardiente, algo de lo que me arrepentiría la mañana siguiente.

Pensando que todo era un mal sueño producido por el mal alcohol me desperté.

Al cabo de media hora, llegaron al hostel preguntando por los pasajeros a Popayán. Todo el mundo empezó a buscar quién era.

Llamaron a la puerta de la pareja, el chico no estaba, la chica, movida por una vergüenza de hablar español, o dirigirse a alguien diferente a su pareja, mezclada con la imbecilidad que rodeaba su ser, se asomó a la puerta y en vez de preguntar que querían, ocurría o cualquier cosa, cerró la puerta.

Como nadie respondía al llamado del autobús, este se marchó.

Minutos después apareció el chico. Con una bolsa de mangos en una mano y el ticket a Popayán en la otra, educadamente, le preguntaron si no era el autobús que había pasado hace un rato el suyo.

Lo era. Su cabeza se convirtió en una esfera roja apunto de explotar.

¡Me habían dicho que venían en 30 minutos! ¡ Se han adelantaron y nos dejaron aquí! ¡Qué vergüenza de país! ¡Esto es intolerable! A las observaciones que se le hicieron sobre, porqué no nos avisaste y que tu novia no quiso responder cuando le avisamos que había un bus esperando abajo, fueron contestadas con un esto en Francia no pasa.

Gritos, cabreos, la novia insultando otra vez la “estupidez” de los colombianos y unas cuantas llamadas a la compañía resultaron en un cambio de hora de partida. Estarían hasta el medio día esperando.

Una vez que el episodio de tensión parecía solucionado, y el hostel estaba casi vacío, el dueño con un trabajador y el voluntario de la tele, se pusieron a desayunar en una de las mesas, la más alejada a la cocina para no molestar. Pero esto fue objeto de indignación mayúsculo para la pareja.

Mientras desahogaban su frustración de perder por cuarta vez un día entero por los “estúpidos” transportistas, despotricaban por la poca vergüenza de estar comiendo en esa mesa, la cual solo podía ser utilizada por los huéspedes.

En ninguno de los lugares donde he estado durmiendo me había ocurrido, que una vez se fuera alguien, absolutamente todo el mundo se alegrara, y que además, se organizara una fiesta en honor a su marcha. Tengo que agradecer que fueran tan imbéciles por la verbena que se formó ese día. Ver a dos coreanos intentado cantar El Fary con una escoba no es algo que pase todos los días.

Si alguna vez te has encontrado con personajes de esta calaña y quieres compartirlo con nosotros, esperamos tu comentario.

Escrito por C. Benítez.

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6 comentarios

  1. vaya viaje de experiencias, toda una aventura.
    cuando volvéis a España?

    1. Pues todavía nos quedan unos meses, pero tendremos que hacer una visita obligada por España pronto…

  2. Ni modo , qué mala onda de esos tipos, pero qué buen final ?

    1. Lo único bueno que tuvo, pero mereció la pena..

  3. Me ha encantado tu artículo. Soy colombiana pero he vivido 7 años en Francia y actualmente estoy en Camboya. Lo único que puedo decir es que cada vez que viajo espero no toparme con ellos porque tienen el mismo comportamiento arrogante y maleducado que describes. Francés que no se queje no es francés

    1. Muchas gracias Paola.
      Por desgracia el comportamiento de más de un turista/viajero deja mucho que desear. Es una pena.
      Espero que disfrutes de Camboya.
      Un saludo.

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