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Como punto final a nuestro viaje por Sumatra nos embarcamos en un ferry dirección a la isla de Pulau Weh, el punto más septentrional de Indonesia, desde la ciudad de Banda Aceh. Un viaje tórrido en una embarcación que surcaba el mar con el ritmo pausado que caracteriza la vida en los trópicos.

Esta pequeña isla volcánica sigue siendo un lugar donde los turistas no se cuentan por miles, concentrándose la oferta hostelera principalmente en Iboih y en menor medida Gapang Beach, ambos sitios alejados al puerto de llegada. Por lo que es necesario subirte en un becaks, tuk tuk en Indonesia, que pacientemente esperan a la llegada de clientes, o hacer autostop.

Nosotros decidimos probar de la última manera con nefastos resultados, mezcla de la mala suerte que nos llevó a dar vueltas en círculos en cada vehículo al que nos subíamos, y al escasísimo tráfico que había al ser viernes. Y es que en toda la región de Aceh se rigen por la “Sharia”, la ley islámica, y es precisamente este día el dedicado al rezo, parando toda la actividad hasta las dos de la tarde.

Cansados de ver como perdíamos el tiempo, decidimos subirnos al único becaks que estaba por la zona, y que observaba con sorna nuestro proceso de desesperación en el frustrado intento de autostop, cobrándonos una cifra algo inferior a la que ofrecían en el puerto, 80.000 IRP para llegar a Iboih.

Iboih no es más que un pequeño poblado a lo largo de la costa donde comedores y alojamientos, para todos los presupuestos, se pelean por tener la mejor vista a las aguas turquesas que lo rodean. Separado en dos partes por una plaza central dominada por un árbol al que tienen atado a un pobre mono, que día tras día, tiene como única actividad secuestrar a todo gato que cruza cerca de él y desparasitarlo. Nunca entendimos por qué estaba allí, ni por qué le torturaban de esa manera.

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A unos diez minutos andando de esta plaza, encontramos un pequeño bungalow a la orilla del mar que era la delicia de unas caprichosas termitas que aparecían y desaparecían dejándonos con la incertidumbre sobre la resistencia de nuestro suelo, acrecentado al ver el estado del bungalow vecino, pero por 100.000 IRP al día tampoco podíamos pedir más.

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En Pulau Weh no encontrarás las típicas playas infinitas de arena blanca, si no pequeñas calas, no más de 12 en toda la isla, donde estar haciendo snorkel o buceando durante horas. Y no es para menos, además de poder bucear entre multitud de peces venenosos como el pez escorpión o el lionfish, puedes ver morenas de todo tipo, peces globo, tortugas, un sinfín de criaturas de todos los colores…que te hará no querer salir del agua.

Aunque el Tsunami de 2004 no afectó a esta isla, si dejó un poco tocado algunas zonas de coral donde iban los tiburones de punta negra, con lo que hoy se hace algo más difícil verlos por estas aguas. Pero con suerte nosotros vimos uno en las inmersiones que hicimos con la escuela Monster Dive, la única escuela española de la isla, en la zona de Gapang Beach, y a pesar de no ser la más barata de la zona, su trato personalizado y la seguridad hace que merezca la pena.

Entre buceo y buceo, nos dio tiempo a visitar uno de los puntos más turísticos de la isla, el kilómetro 0, el lugar más septentrional de Indonesia, y donde se encuentra un monumento que puede estar peleándose en el top 10 de feísmo ilustrado. Una enorme torre que se cae a pedazos donde ver el atardecer o morir de insolación en un día caluroso.

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Con la isla casi recorrida al completo, decidimos dejarnos unos días para conocer de primera mano la historia tras el Tsunami que asoló Indonesia en 2004 y que tuvo su epicentro en la ciudad de Banda Aceh.

Nunca imaginé, que algún día, iba a recorrer aquellas calles que aparecían en todos los telediarios anegadas por el maremoto, pero 14 años después de la fatídica mañana, descubrimos que todavía quedan señales que se han convertido en un reclamo para visitantes locales y extranjeros, una auténtica ruta del Tsunami.

Puede que uno de los lugares que más me impresionó fuese la zona donde quedó varado un enorme barco generador, el conocido como Diésel, que fue desplazado más de 5 millas tierra adentro quedándose en medio de una zona residencial, hoy convertida en un parque museo del recuerdo. Y es que, si no te sobrecoge como un barco de esas dimensiones puede ser desplazado como una hoja al viento por el mar, cuando subes a la cubierta e intentas descubrir donde se encuentra la costa, con escasos resultados, puedes hacerte una pequeña idea del horror de esos días.

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Pero para horror el que tuvieron que sufrir los 59 supervivientes del pesquero que quedó empotrado en el techo de una casa, y que hoy todavía se conserva en la misma posición en la que quedó aquel día, pudiendo ser visitado por cualquier persona que se acerque entre Lampulo y Keuramat.

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Aunque no tiene nada que ver con los sucesos de aquellos días, de regreso a nuestro hostel después de ver este último barco, paseamos por la ribera del río Krueng Aceh, donde entre dientes de tiburones secándose al sol y pescadores preparándose para salir a faenar, se acumulaba tal cantidad de basura que parecía que el tsunami acababa de pasar en ese mismo momento, toneladas de plásticos se amontonaban en montañas donde las cabras rebuscaban algo que llevarse a la boca, un espectáculo desagradable y triste.

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Como punto final nos acercamos a la gran mezquita, un imponente edificio de un blanco impoluto rodeado de verdes jardines que se entremezclan con un brillantísimo mármol que te obliga a entrecerrar los ojos.

Este lugar fue uno de los pocos que se libraron del desastre, a pesar de que todo lo que había a su alrededor quedó destruido, sirviendo de refugio para numerosos vecinos que no pararon de rezar por su salvación y el perdón, ya que muchos consideraron el tsunami como un castigo de Allah.

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Y es que es poco sabido que por aquellos años, la región de Aceh se encontraba en una larga y cruenta guerra por la independencia de Indonesia, que se prolongaba desde mediados de los años 70, sumergiendo a una de las regiones más ricas en recursos en una depresión continua. Debido a esta catástrofe, se firmó un alto el fuego y una vuelta a las negociaciones de paz que llegaron a su fin al año siguiente.

Parte de esta historia se puede conocer en el museo gratuito que hay en la ciudad erigido en recuerdo a todas las victimas en un colosal edificio, valorado en más de 4 millones de euros, que a pesar de los pocos años que tiene, empieza a deja entrever su decrepitud y dejadez.

Con ganas de seguir conociendo más historias de aquellos días llegamos al final de nuestro viaje por Sumatra, que sin duda fue uno de los mejores destinos en nuestro periplo por el sudeste asiático, pero no el último, ya que regresábamos a Malasia, país del que guardamos una buena cantidad de anécdotas que contaremos en otro momento.

PD: Si quieres ir, o salir, del puerto de Banda Aceh, existe un autobús gratuito (bus azul) que te acerca al centro de la ciudad. Solo tienes que esperar en frente del puerto, eso sí, hombres y mujeres irán separados.

Escrito por C.Benítez.

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3 comentarios

  1. deja de darles cacahuestes a las tortugas gandul

    1. Eso nunca. Lo de gandul ya es más discutible.

  2. No entiendo tu manía de los cacahuetes, siempre estás igual, ¿porque no les tiras palomitas que son más baratas?

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